Conferencia de Carlos Oviedo*
"La primicia en la obra de MJO"

En el siglo XIX, allá por 1869, un reportero del New York Herald, Henry M. Stanley, fue comisionado a una misión periodística apasionante y riesgosa. Su Director, Gordon Bennet, le dijo: encuentre usted al Dr. David Livingstone. Se trataba de hallar a un ya célebre misionero y explorador del que se había perdido el rastro en el corazón del Africa. El Director le dijo que primero debía cubrir la inauguración del canal de Suez, luego cumplir una serie de misiones en Egipto, Constantinopla, incluyendo una guerra en Crimea, atravesar Persia, llegar a la India y buscar en todo el Africa al buen misionero.
El reportero Stanley, pensó que eso era una locura, pero tenía un contrato para ser enviado como Corresponsal a cualquier lugar del mundo, y callado, prefirió conservar el trabajo: preferí obedecer, dijo. Después de muchos meses, de pelear por su vida contra fieras y enfermedades, en un pueblito llamado Ujiji, en Tanganika, Stanley halló al misionero. “Dr. Livingstone, supongo”, le dijo. Livignstone, apenas pudo reponerse de su sorpresa al hallar a un hombre blanco que le llamaba por su nombre, pero le contestó de inmediato: “Sí, y… ¿qué pasa en el mundo?”.
Como bien lo señala un escrito del periodista español Juan Luis Cebrián , esa expresión de curiosidad resume la inquietud esencial que todos los lectores se plantean cuando abren su diario en las mañanas. El mismo afán de saber, la misma pregunta por la que trabajan todos los comunicadores. La misma inquietud por la que contrataron muchas veces a Manuel Jesús Orbegozo, la misma pasión por la que este periodista ha pasado más de cincuenta años de vida pescando la noticia, con curiosidad, con afán de revelación, con sed de verdad.
Todos los seres humanos, con frecuencia nos preguntamos ¿qué pasa en el mundo?, o simplemente ¿qué pasa hoy día?. No es casualidad, no es una pregunta retórica, es una necesidad: la de informarnos, la de tener conocimiento sobre lo que nos rodea para ubicarnos frente a los hechos.
Fue por esa necesidad que nacieron los periódicos. Fue por la curiosidad que se impulsó la búsqueda de información sobre el ancho mundo, desde los descubrimientos de Marco Polo, o Cristóbal Colón, hasta las expediciones a los Polos de la Tierra, o al confín de los mares. Aunque el afán de saber tuvo también aplicación práctica: ya en el siglo XV circulaban con profusión las noticias manuscritas entre los mercaderes de Venecia, denominadas “avvisi”, lo que transformó la información en mercancía valiosa.
Con el siglo XIX la necesidad de expandir el comercio y la economía llevó al hombre a empeñarse en explorar los continentes intocados. Pero en ello, había mucho de aventura, de desafío humano. El mundo era muy grande y parecía ajeno, hasta que el hombre lo fue hollando.
Recordemos que sólo en 1909 el norteamericano Robert Peary alcanzó el Polo Norte, y el noruego Roald Amundsen en 1911 conquistó el Polo Sur . En paralelo, se organizaron las exploraciones hacia las cumbres más altas y hacia territorios y cuencas desconocidos del Africa y Oceanía. Era el tiempo en que la gente quería maravillarse y sentía la necesidad de conocer la Tierra donde vivía. A falta de realidad, la imaginación volaba. De ahí el éxito de Jules Verne con sus sorprendentes obras, como La Vuelta al Mundo en Ochenta Días, o Veinte mil leguas de Viaje Submarino.
A la par que se desarrollaba la técnica y las herramientas para acortar distancias, como el telégrafo o el cable submarino, se perfeccionaban los modos periodísticos de narrar y de maravillar a los públicos ávidos de información y conocimiento. Así se cultivaron los géneros del reportaje y la crónica periodística.
Como en cualquier otra parte del mundo, en el Perú los reporteros del siglo XIX y buena parte del siglo XX, iban a los puertos a esperar el desembarco de pasajeros para que les contaran lo que ocurría allende los mares. Otros vivían pendientes del telégrafo, del cable, del teletipo. Sometidos a la dictadura de los husos horarios y de las interrupciones en la transmisión.
Y por ello se fue perfeccionando la técnica de la noticia, con la famosa pirámide invertida: había que contar primero lo esencial, lo más interesante o importante, en los primeros párrafos y dejar el desarrollo de los hechos menos relevantes para los siguientes. Clara consecuencia de las transmisiones falibles. También había que estructurar la información desde el lead absolviendo las preguntas: qué, quién, cómo, cuándo, y dónde.
Lo anterior nos revela, además, que el medio condiciona el contenido informativo. La técnica periodística se ha ido adaptando a las exigencias del mercado y a las condiciones del modo de producir la información pública.

La primicia

Todo esto se sustentaba en el afán de informarse. Recordemos, la palabra viene de in-formar, que es dar forma, poner en forma. Cada individuo, no importa dónde se halle, siente la urgencia de dar forma a su entorno, de reconocerlo, y de ponerse en forma para reaccionar ante los diversos estímulos de ese contexto. En suma, siempre tratamos de conocer lo que pasa a nuestro alrededor para manejar la incertidumbre y alcanzar algún grado de control sobre la realidad.
Esa necesidad vital y social explica los esfuerzos del ser humano por lograr tomar el pulso de lo que le rodea. Explica también la masificación de los medios, la prensa de a centavo en los Estados Unidos de NA. Con el maquinismo, la despoblación de las zonas rurales y la concentración en las grandes urbes, asomó pues, una tremenda demanda de información.
En ese contexto, una de las primeras batallas de la prensa fue dominar el tiempo. Primero buscó la periodicidad; es decir, el emitir informaciones de un modo regular cada cierto lapso. Luego se concentró en la búsqueda de la instantaneidad para acortar el tiempo entre los sucesos y la divulgación de los mismos. Lo cual se tradujo en ediciones extraordinarias, la aparición de vespertinos, las emisiones de Flash Informativo o Ultimas Noticias, tanto en radio cuanto en TV.
Insertados en un mundo de libre empresa y de competencia, la batalla devino en la búsqueda de la primicia. Primicia, proviene del Latín primitia, quiere decir fruto primero de cualquier cosa.
La Primicia, el fruto primero de la información, planteó, entonces, como atributo esencial de la noticia, la novedad, esto es, la revelación, el dar a conocer los hechos o situaciones que el común de las gentes desconoce. Este valor se daba respecto a dos variables: con relación al público hacia el cual iba dirigido, y respecto a la competencia.
Así pues, la prensa tenía que buscar aquello que fuera socialmente significativo para su público, lo que fuera trascendente, lo que aportara ese valor de la revelación. Al mismo tiempo, ese esfuerzo tenía que ser un aporte diferenciador del resto de medios. Un diario debía contar algo distinto y hacerlo antes que los demás para ser apreciado. La competencia, pues, impulsó a la prensa a invertir en personajes y recursos para contar los hechos más maravillosos donde fuera que ocurrieran.
Quizá por ello diversos talentos se pusieron al servicio de la crónica: Mark Twain, remontó el río Mississippi contando sus experiencias; John Reed narró de modo militante las revoluciones Mexicana y Bolchevique; Ernest Hemingway cubrió la Guerra Civil Española; Gabriel García Márquez recorrió Europa y traspasó la Cortina de Hierro, sorprendiendo a sus lectores con la riqueza de sus descripciones. La crónica del viajero tomó ciudadanía propia, distanciándose del mero reporte informativo, puesto que a la novedad le agregó la profundidad del análisis, la impronta personal en el enfoque, el toque literario.

Las crónicas del viajero

Es en esta corriente que se inscribe el trabajo del Corresponsal Viajero Manuel Jesús Orbegozo. Manuel Jesús, principalmente como enviado de El Comercio, durante tres décadas, estaba donde estaba la noticia, o sino, él creaba la noticia. Premunido casi siempre de un carnet, un pasaporte, unos cuántos dólares, una cámara fotográfica y su misión periodística, logró crónicas memorables.
Tarea apasionante, difícil, muchas veces riesgosa. El propio cronista nos ha contado cómo más de una vez estuvo al borde de la muerte. Estaba en Haití para recoger impresiones sobre el fin de la era Duvalier, cuando todo era confusión, hambruna y protesta. En una calle de Puerto Príncipe, varios periodistas observaban una protesta cuando un camión militar se detuvo, bajaron soldados y abrieron fuego indiscriminado sobre todos, incluyendo los periodistas. Cuerpo a tierra y salvó de milagro.
En camino a Estambul, tuvo que bajarse de un tren en Alexandrópolis para ser atendido de urgencia de una prostatitis aguda. Unas horas más en el tren y la uremia lo mataba. Muchos días después, ya en Lima, escribía su crónica aún fastidiado con una sonda vesical. Su búsqueda de la novedad, la necesidad de satisfacer a sus lectores, le hizo ignorar las demandas de su propia naturaleza.
Si bien algunas veces estuvo en riesgo por su afán de conocer, otras veces lo estuvo precisamente por desconocer.
Así, Manuel Jesús, se tragó un mes de prisión y el riesgo de peor suerte, únicamente por tratar de hacer un reportaje a Maruja Pons, una hermosa artista de ópera. Lo acusaban de aprista, de subversivo. Pero al final, se enteró que había despertado los celos enfermizos del amante de la Pons, nada menos que el poderoso dictador Manuel Odría.
Manuel Jesús, quería llegar donde otros no llegaban, y de ser posible, el primero. En un mensaje personal, me contó: “Muchas veces estuve en el filo de la navaja, al borde de lo ilícito, de lo ridículo, de lo increíble, con tal de ganar la noticia por puesta de mano”.

La nueva primicia

Ante esta declaración simple, franca, brutal, cabe preguntarse si hoy es aún válido el concepto de primicia. ¿Es la primicia, la misma de antes?
¿Podemos hablar de primicia en el mundo de hoy tan intercomunicado, interrelacionado? ¿Algún diario se atreve a competir con la radio y televisión de hoy? ¿Puede alguien ignorar que la Internet es la proveedora de todas las fuentes imaginables de información?
Dada la masificación del acceso a la información y el abaratamiento de los medios de producción de contenidos, devienen poco ciertas y rentables la cobertura única, la revelación exclusiva, la transmisión sorpresiva.
No olvidemos que el fatal accidente de la Princesa de Gales dio la vuelta al mundo en cuestión de minutos, y su sepelio fue seguido por cientos de millones de personas conectados prácticamente todos a la misma transmisión. No hace mucho varios continentes tuvieron el dudoso privilegio de seguir al momento que ocurría el bombardeo de Bagdad. Estuvimos sentados en primera fila, en ocasiones, con el tiro de cámara de la visión del piloto bombardero.
Retomemos, además, la apreciación de que la prensa, empujada por una demanda masiva de información, tuvo que llegar a procesar la información con instantaneidad.
Pero, hoy, se diría que ese atributo ha sido desplazado por la simultaneidad. Las cosas ocurren al mismo tiempo que nos informamos de ellas. Más aún, los medios electrónicos están haciendo posible la interactividad. Este atributo de la información permite que el individuo busque lo que a él le interesa, obtenga por sí mismo las respuestas a su medida, escoja los canales, y decida la oportunidad y modo en que se expone a la noticia.
La democratización del acceso a la información ha hecho que los mismos receptores sean emisores de información y participen de la gestión de la información. Muchos medios tienen versiones Web y constantemente hacen que la gente participe opinando, creando corrientes de opinión, aglomerando datos sobre un tema dado. Hoy, un ciudadano puede gestionar respuestas propias o conseguir una visibilidad personal mediante su versión de los hechos, a través de los llamados Web-blogs.
Es más: después del atentado terrorista del 11 de marzo en Madrid, las movilizaciones ciudadanas se organizaron no desde convocatorias por los medios masivos, sino desde los mensajes de texto por celulares. La movilidad es ahora un componente de la demanda de información: viaja donde va la gente. El poder del individuo ha hecho que todo se oriente a servirlo, a mimarlo, a calzar en sus más mínimas apetencias, Y por ello la noticia ya no es un coto de caza exclusivo de los medios tradicionales.
Hay que recordar que la fuerte competencia de la radio y la televisión, obligó a la prensa a un reenfoque del tratamiento informativo. No sólo debía contar las cosas, sino explicarlas. Las famosas preguntas que debían ser absueltas para satisfacer la curiosidad del lector, qué, quién, cuándo cómo y dónde, tuvieron que asumir otras cuestiones prioritarias: el por qué y para qué de las cosas.
Todo esto demanda un cambio en la concepción de la geometría informativa. Hay quienes postulan no hablar de Pirámide Invertida sino de Poliedro Informativo. (los españoles Tito Drago, comunicador, y Antonio Rodríguez de las Heras, historiador). Se trata de acceder a la información no por unos ángulos limitados, sino mediante facetas ilimitadas. Esto implica libertad en el abordaje de la noticia, en su tratamiento y en su destino. Es época de concebir la información de un modo caleidoscópico, de abordar la novedad con la forma del cuboide de Neker, decía Rodríguez de las Heras.
Una vez más, habría que reconocer que la evolución tecnológica condiciona el modo de informar, sin llegar a coincidir con el planteamiento audaz de MacLuhan que profetizaba: el medio es el mensaje.
Podríamos pensar que ya no basta responder lo que el común de las gentes quiere saber sino lo que ciertos segmentos aspiran, públicos identificados, por ejemplo, por modos de consumo o estilos de vida. Más aún, se trataría de un abordaje informativo que tampoco se limita al texto sino que se amplía a la fotografía, infografía, a la imagen en movimiento o la multimedia.
Tal vez, también es hora de cuestionar la esencia fundamental de las noticias: su carácter de perentorio y perecedero. ¿Es posible que la noticia no muera, que dejemos atrás ese concepto de que la noticia tiene una vida fugaz? ¿Estar conectados a las fuentes de información nos desdibuja la noticia? ¿Dónde comienza y termina una noticia si estamos enchufados a los hechos en tiempo real? Mejor aún: ¿son las noticias tales, precisamente porque comienzan y terminan?
No hay respuesta fácil. Podría decirse que estamos ante un continuo informativo, somos espectadores y protagonistas de un constante discurrir, lo que puede estar afectando incluso nuestra percepción de la historia, imposible de ser aprehendida a través de hitos o etapas, sino de intensidades de flujo. Tal vez ya ha acabado la batalla del periodismo contra el reloj. Ha cesado la confrontación del medio contra el tiempo.
Todo esto enmarca la pregunta sobre la vigencia o no de la primicia. En la búsqueda de claridad, deberíamos diseccionar la naturaleza de la primicia. En efecto, puede que hayan perdido relevancia la emisión instantánea de los hechos, y la exclusividad frente a la competencia. Pero lo que no ha caducado es el valor de la noticia en función de cada público y mucho menos la calidad del informante.
Dentro de los atributos informativos de un hecho, es decir las cualidades que lo potencian para ser noticia, Carl Warren menciona en su decálogo: en primer lugar, la actualidad ( lo nuevo, lo fresco y novedoso); la proximidad, es decir la cercanía a los hechos; pero también otros atributos como el amplio campo de incidencia, la resonancia pública ( la notoriedad de los personajes), el dramatismo, la curiosidad, la conflictividad, el interés humano, el amor, y el progreso.
No obstante, bien podríamos cuestionar el peso relativo de la actualidad, dado que todo es actual todo el tiempo; y de la proximidad y del campo de incidencia, porque casi somos una sola aldea global, con una agenda universal. Lo que le ocurre a alguien en Asia puede que termine afectándonos. Quizá es cierta la teoría caótica del “efecto mariposa” por la cual el simple aleteo de una mariposa en Japón, puede que tenga efecto en el clima de Nueva York.
También podríamos objetar el valor de la resonancia pública, porque personajes los de antes: hoy cualquier deportista, artista, cualquier enajenado, bataclana o polítiquero es materia de cobertura noticiosa. En verdad, es el individuo el sujeto de la información.
Si nos quedamos con los atributos de la curiosidad, dramatismo, interés humano, conflictividad y el amor, seguramente podemos hacer una aproximación diferente a esas cuestiones.
La curiosidad sigue siendo una constante de la noticia. El periodismo debe desarrollar la curiosidad de sus reporteros para satisfacer la curiosidad de los lectores o audiencias. Nada hay más estimulante que lo que nos sorprende, lo que nos maravilla, lo que llena nuestros sentidos, lo que aplaca el bicho de la novedad, es decir, la revelación.
El dramatismo, igualmente no pierde vigencia. Buena parte de nuestro existir es drama sino comedia. Dramatismo es todo lo que conmueve, los que nos ocasiona emociones fuertes, la materia prima de lo sensacional. Casi siempre vinculado al dramatismo está el interés humano, todo lo que nos recuerda nuestra condición de seres vivos, comunes mortales luchando por sobrevivir en la sociedad, moviéndonos a bandazos entre la rutina y la sorpresa, la indiferencia y el fanatismo, la adhesión y la repulsa, el miedo y la ternura.
Y también cercano al interés humano, está el amor como atributo noticioso. Toda historia en la que está el ingrediente del amor es más noticia.
Nuestra misma condición humana hace que la conflictividad también sea una constante del universo noticioso. Mientras el ser humano sea tal, habrá pugna en la convivencia con los demás, porque siempre habrá rivalidades de distinto estigma, habrá grupos, estados, comunidades en disputas.
Las guerras fueron territoriales y étnicas, luego políticas y económicas, casi siempre de dominación cultural, hoy persisten las guerras religiosas, quizá mañana sean ecológicas y de sobrevivencia. Y la prensa buscará a las partes en discusión, alentará frecuentemente la exposición de sus razones, cotejará sus posiciones y extenderá el conflicto real hacia uno mediático.

Atributos noticiosos en textos de MJO:

“Los musulmanes no beben licor, si alguien bebe debe hacerlo a escondidas, como los hindúes que también a escondidas se matan una que otra vaquita sagrada para confirmar que toda regla tiene su excepción…” (p.18).
Escribiendo desde la Varsovia comunista, decía: “ Anna Azemberg, reconocía que en Polonia el campo era la única rama de la economía nacional donde predomina el productor individual y la propiedad privada de los medios de producción. Los agricultores individuales explotan el 75% de las tierras arables y constituyen el 70% de la producción alimenticia…” (p.59).
En un reportaje sobre Japón, expresa: Los trabajadores japoneses tratan no solamente de aumentar la producción y la productividad sino de encontrar nuevas ideas. “En la fábrica Toyota, trabajan 40 mil personas que cada año, por término medio, entregan 400 mil sugerencias para mejorar la producción y la productividad” (p.68).
Respecto a Nepal, dice MJO: “Todo eso me pareció muy primitivo. Las religiones cometen algunas torpezas. Por ejemplo, los fieles budistas les llevan comida fresca a las estatuas de Buda y a los elefantes sagrados, e intentan darles de comer: veía que les echaban el arroz, los pétalos de flores por la cara o les dejaban al pie los platos de comida. Después venían las palomas, las cucarachas o las ratas y se daban opíparos banquetes” (p.95).
Alrededor de lo mismo, explica que para la religión animista de los budistas, es normal disponer de un cadáver despedazándolo para que se lo devoren los buitres, o colocándolo boca abajo en cualquier río, dejándolo al muerto a su suerte, para que se lo coman los peces. En general, los tibetanos no comen pescado, y en las ciudades o aldeas, no hay cementerios (p.124).
Veamos algo más: En Sri Lanka, los nombres de las personas son muy largos. Por eso es muy común que la gente se los cambie en cualquier momento con sólo publicar un aviso en el diario. Copia textualmente el aviso en “The Island”: Berekarage Jorhirage Ganithagage Livers, de Hakmana, distrito de Matara, informa a la república socialista de Sri Lanka y al público en general que, a partir de ahora, seré llamado y firmaré todos mis documentos como Jayarathna Gamge Livers”. (p.164).
¿No es todo esto sobrecogedor, insólito? ¿No nos acercamos a la sorpresa cuando nos informamos de esto?
Estaba en Río de Janeiro nuestro Corresponsal Viajero, cuando arribó de visita nada menos que el primer hombre que hizo un vuelo al espacio, el ruso Yuri Gagarin. Todo manejado con un extraordinario protocolo, agenda cuidadosa. Pero el ruso era un varón y sedujo a Olga Slavenko, una hermosa flyhostess del vuelo de Aeroflot que lo transportó desde Rusia. El fotógrafo de “Fatos y Fotos”, encaramado en un árbol cercano a la residencia donde se alojaba, logró escenas del ruso bañándose desnudo con la Slavenko. La revista adelantó su salida y el reportaje titulaba: ¡Gagarin deceu a terra!, claro, el ruso había bajado a tierra. Dejó de ser un héroe un semidiós y se portaba como un mortal cualquiera. Cuando Gagarin se iba del Brasil alcanzó a decir: “A los periodistas hay que tenerles más miedo que a los vuelos al espacio” (p.27).
En un coloquio inusual con un guardián del edificio Rockefeller Center, un negro de NY, MJO recordó su conversación con el poeta Robert Frost. Cierta vez un catedrático le preguntó al poeta por qué en uno de sus poemas hacía hablar a un caballo. Pasémosle la pregunta a un ranchero, le contestó Frost. El ranchero contestó: porque hay caballos que hacen mejores preguntas que los catedráticos (p.98).
De visita en Calcuta, no podía dejar de visitar una antigua casa donde la Madre Teresa, “adelantándose a la baja policía” recogía a los moribundos de las calles como gente, en vez de que alzaran sus cadáveres como perros. Ahí jóvenes hindúes los atendían con tanto amor y delicadeza como si en vez de ayudarlos al buen morir los quisieran hacer resucitar. “Las escenas de muerte nos sorprendieron a los dos porque vi que Shabrir también quedó mudo viendo a los moribundos y a las monjas lavándoles la cara para que entraran limpios al cielo que Dios tiene prometido a los pobres como los de Calcuta” (p.201).
Hablando de sus comienzos como profesional, MJO narra sus desventuras, cuando fue despedido de un diario por su compromiso político; mientras en otra oportunidad lo corrieron de una agencia de publicidad, por dormilón. “En una palabra para mí, 1951, fue trabajar por la comida, por lo tanto había veces que no podía llevar dinero a mi casa. Recién casado entonces, me vi obligado a empeñar todo lo que podía ser empeñable de mis objetos personales, como ternos, relojes, sortijas, etc.” Incluso el Botón de Oro que había recibido por ese entonces en Trujillo como premio en un concurso de poesía lo tuvo que empeñar en una casa de italianos, y nunca más pudo recobrarlo. (p.175).
¿No son estos extractos un llamado a nuestro sentido de humanidad, a nuestro interés por el otro, a nuestra cercanía emocional, a la solidaridad elemental?
Sería largo y por cierto interesante seguir abordando otros ángulos de información en los textos de MJO, hoy afortunadamente recopilados. Recordemos lo antedicho: lo que no ha caducado es el valor de la noticia en función de cada público y mucho menos la calidad del informante.
Es ahí donde la primicia como valor periodístico se reacondiciona y recobra vigencia. Es sólo a través de la experiencia y de la vasta cultura general, de la honestidad frente a los hechos, de la genuina pasión por contar historias, y fundamentalmente de una inmensa curiosidad, que un hecho puede ser descubierto para sorpresa de los demás.
No importará, entonces, que el acontecimiento incumpla atributos noticiosos como la actualidad, la proximidad o la relevancia de los personajes. No será grave que dejemos atrás la pirámide invertida y las preguntas claves, si podemos reemplazarlas por una aproximación multifacética, variada, sin recetario.
En referencia a los atributos noticiosos, diríamos que las crónicas de MJO tienen la virtud de buscar:
- la novedad, en vez de la actualidad;
- el común denominador del interés humano, en lugar de un amplio campo de incidencia,
- la proximidad psicológica en vez de la proximidad física;
- el protagonismo de personas, en lugar de personajes, y
- el amor entre los prójimos, aún en medio del conflicto.

Es desde la óptica de un ser humano que narra los hechos para otro ser humano que la información cobra nuevo valor. Y es así que los hechos pueden dar a luz informaciones vestidas de primicia.
Ya la primicia no tiene que competir con el tiempo ni con el espacio: tiene que reinventarse desde una mirada diferente. Ya no reside en los condicionantes del proceso de transmisión, como la velocidad, ni de la competencia, sino en la calidad de quien observa los hechos.
Sin quererlo, MJO dejó de competir por la primicia en el concepto tradicional, y se ha introducido en la raigambre de un nuevo abordaje. Él practica el enfoque de la sensibilidad, el punto de vista informado, antes que la velocidad de la transmisión; la sencillez del lenguaje, antes que el rebuscado tono del intelectual; lo auténtico antes que lo sensacional; y el afán de revelar lo novedoso en las cosas simples del diario vivir.
Al revisar sus Crónicas, llegamos a la conclusión que Manuel Jesús seguirá aportándonos “el fruto primero” de su sentir cuando mire las cosas para nosotros. Se trata, pues, de una primicia renovada que se instaura en la visión calificada de quien puede y sabe contar historias.

CITAS:
1. “¿Qué pasa en el mundo?”, Juan Luis Cebrian, Aula Abierta Salvat, Madrid, 1982.
2. “Historia Universal”, Instituto Gallach, QW Editores, La República, Lima, 2006.
3. “Industrias de la Lengua”, VI Encuentro Iberoamericano de Comunicación, España, 1992.
4. Manuel Jesús Orbegozo “Testigo de su Tiempo”, Lima 2006.

PRESENTACIÓN DE LOS TEXTOS DE MJO
Discurso de Marco Martos
CEREMONIA Y DISCURSOS
Discurso de Francisco Miró Quesada C.
Palabras de Alfonso Grados Bertorini
Palabras de agradecimiento de MJO




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