MJO: Mi agradecimiento

Dos sensaciones insólitas marcan mi vida esta noche a la que yo quisiera calificarla de apoteósica; son una sensación de reconocimiento a la grandeza del espíritu humano y, otra, de inmenso júbilo conmigo mismo.
Me considero estar aquilatando aquí el reconocimiento a mi trabajo profesional por parte de personas muy cercanas a mí o no muy cercanas, así como también la idea de que, de alguna manera, he cumplido con mis deberes de profesión.
Casi nunca pensé que alguna vez podrían reunirse tantos amigos míos, cuyos rostros me son indelebles, para festejar con su presencia y sus aplausos, los frutos de mi trabajo compilado en páginas impresas sobre las cuales, prestigiosos intelectuales han hecho referencias generosas.
Tampoco imaginé que 50 años después de haber empezado esta profesión tan hermosa del periodismo, se realizaría una especie de homenaje público y fraterno, más aún en un salón donde antes solían homenajear acaso a los más sabios de San Marcos.
Jamás pensé que habría de experimentar una sensación de lucha tenaz para frenar la desaforada carrera de mi corazón hacia la orgía frente a un espectáculo ante el cual, tampoco puedo frenar mi apetencia de gratitud generada ahora mismo con intermitencia febril.
Debo recordar que una especie parecida de caos ante la gratitud sentí hace 10 años, cuando la promoción de periodistas sanmarquinos que lleva mi nombre, algunos de los cuales están aquí, menos dos que nos adelantaron en el viaje, más dos excelentes profesionales que pasean su profesionalismo fuera de Lima -en Nueva York y en Iquitos; dicha Promoción me preparó un homenaje masivo en la municipalidad de Miraflores, bajo el pretexto de celebrar mis 50 años de vida profesional.
En realidad, esta Promoción no celebraba mis 50 años de vida profesional sino mi resurrección.
Sucede que hacía apenas dos meses, en una batalla campal y cuerpo a cuerpo derroté a la muerte por KO irreversible; entonces, mis colegas y amigos entrañables, inventaron Bodas de Oro cuando de lo que se trataba era de festejar mi retorno a la vida.
Inmediatamente después, otras instituciones culturales en Trujillo, como la ACAM, por ejemplo, prepararon un homenaje parecido que yo no supe cómo remontar.
Mi entusiasmo aquella vez fue también súbita y pletórica, tanto que en un instante no sabía de qué se trataba cuando frente a mi veía a la Filarmónica de Lima y a un Teatro, el Municipal, lleno de borde a borde.
Delante de los violines y las violas, y del público aplaudiéndome de pie, me desorienté tanto en medio del escenario que solo atiné a aplaudirme a mi mismo pero, a rabiar. Nunca sabré si hice bien o no de ahogar mi emoción en lágrimas.

Señoras y señores:
Ahora, un tanto más calmado por los años, no dejo de pensar en el altruismo o la bondad humana de lo que tanto hablan los genetistas o los filósofos, y yo, en el gesto de ustedes para rodearme y hacerme pensar que soy una persona importante, un hombre merecedor de semejante ajetreo.
Deseo por eso confesar, como ante una Corte de jueces imposibles de corrupción, que desde el primer día en que tomé al periodismo como carrera profesional, siempre hice todo lo posible por merecerlo.
Algunos de ustedes lo saben bien, y otros lo comprobarán si llegan a leer estos libros, que jamás dudé en acometer los desafíos más rudos y apelar a los medios más insólitos con el fin de cumplir mis deberes como reportero.
Siempre acometí los acontecimientos con el mismo empeño y los escribí y publiqué apasionadamente, ya sobre los desbordes de la laguna arequipeña de Coralaque como sobre los estertores de la guerra de Vietnam; igual sobre Mao Tse-tung que sobre la Madre Teresa de Calcuta cuyas obras de caridad conocí en esa pobre ciudad hindú.
Igual escribí sobre Lech Walesa en Gdansk a 30 grados bajo cero que sobre el “El Hombre de la Basura” al pie del Ministerio de Educación Pública, de Lima; sobre célebres damas del canto como Josephine Baker o Ima Súmac o María Reiche, la dueña del calendario más grande del mundo. Informé con la misma apasionada veracidad el fusilamiento del monstruo de Armendariz, como el juicio de condena al dictador africano Bokassa en Banguí. Escribí con la misma intensidad los descargos de conciencia de Pol Pot llamado “El asesino de Kampuchea” que los violentos sermones del Abate Pierre contra la insensibilidad de los ricos franceses.
Siempre me consideré un servidor social y entonces, me contraje y me estiré hasta aprehender la materia del acontecimiento, su forma y su fondo, para luego describir y narrar lo mejor que pude en honra a mis lectores.
Como lo han dicho mis honorables presentadores, siempre mostré una preocupacion honrada por alcanzar la noticia y usufructuarla como el más codiciado bien del mundo.
Ocuparía mucho tiempo en corroborar detalles y peripecias, obstáculos y murallas que sobrepasé para cumplir con mi tarea, así como para contarles el placer que me causaba realizarla. Hice, no obstasnte, lo que cualquier otro periodista hubiese hecho en esas circunstancias, salvo uno que otro esfuerzo extraordinario como se ha insinuado aquí.
Por eso no debo extenderme más. Quiero, no obstante, tender bajo los pies de todos ustedes, mi gratitud como una roja e inmensa alfombra papal, para hacerlos desfilar como los protagonistas de esta inusual función cultural y de amistad. No saben cuánto me enajena saber que ustedes están aquí compartiendo conmigo esta apoteosis, como he dicho al comienzo.
De todos modos, quiero personificar mi afecto ineludible mencionando al doctor Luis Jaime Cisneros, ex Presidente de la Academia Peruana de la Lengua, por el Prólogo que preside mis textos de “Testigo de su Tiempo” tan elogioso como para hacer pública mi gratitud y admiración a uno de los más lúcidos intelectuales peruanos a quien conozco desde cuando se juntaba con los inquietos jóvenes de la llamada Generación del 50, como Washington Delgado, Pablo Macera, Paco Bendezú, entre otros, que escogieron al Bar Palermo como tribuna para deletrar sus poemas y sus vidas. A él, nunca le escuché pronunciar discursos prosopopéyicos ni emitir juicios prepotentes; era más bien un hombre que observaba en silencio la euforia juvenil y de cuando en cuando hacía leves referencias docentes.
Muchas gracias, doctor Luis Jaime por su Prólogo de elogio a mis memorias con las cuales debo coincidir para incrementar mi orgullo.
A Carlos Oviedo, amigo sincero y estupendo colega, que ha presentado un excelente trabajo académico sobre la primicia que tiene un valor incalculable en el argot de la vida periodística, ahora algo en declive; relievo tus referencias al periodismo que nosotros hemos compartido en las aulas de San Marcos. Muchas gracias, Carlos, por tu charla docente, una intervención de altísimo valor profesional que estoy seguro todos los periodistas vamos a aquilatar.
A Marco Martos, decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, tan honorable y tan vieja como la misma Universidad de San Marcos. El se ha referido a mis aportes al trabajo periodístico de César Vallejo confirmando su calidad paradigmática, como uno de los más grandes poetas peruanos y de habla castellana. Vallejo es un periodista a quien deberíamos imitar todos los comunicadores, ahora que atravesamos por una crisis ética y de mediocridad profesional. Si no fuera por dos o tres periodistas y dos o tres medios locales, el periodismo peruano merecería el cadalso. Marco Martos, uno de los más lúcidos interpretes de la poética vallejiana, al comentar mi trabajo, le ha puesto el marco de oro que merecía Vallejo. Muchas gracias a Marco Martos.
Aprovecho para mencionar que mi admiración a Vallejo y a Santiago de Chuco, la ciudad liberteña donde naciò, me ha valido ser nominado Hijo Adoptivo e Ilustre de esa tierra, que he aceptado con temor, aunque me siento muy feliz de ser otuzcano y santiaguino al mismo tiempo.
Con el doctor Franciso Miró Quesada Cantuarias trabajé unas dos o tres decenas de años en el Suplemento Dominical del diario El Comercio, es decir, más de la mitad de mi vida periodística. Con él conseguí limar las asperezas de nacimiento que llevaba como todo provinciano común y corriente; con él practiqué –como trabajo de campo- la ética y la moral, con él afirmé mis pasos por la senda del respeto y el apego a los valores humanos y a la vida que es copos de nieve, pero también barro, que es tan luminosa como el sol pero a veces, tan oscura como la boca de un lobo.
Nunca olvidaré, doctor Francisco, sus lecciones de periodismo, pero más todavía sus lecciones de vida. Con usted aprendí a reflexionar y a asegurar que los desvalores como la iniquidad y la soberbia son bastante inútiles para sobrellevar la vida. Aprendí que mucho mejor es caminar tratando de no herir las piedras del camino que utilizarlas para apedrear con ellas.
Muchas gracias, doctor Francisco.
Muchas gracias, Alfonso Grados Bertorini. Tu presencia y tu voz no podrían haber faltado en esta velada porque mis libros están deidicados también a la Generaciòn de Periodistas del 50 que tú representas tan honorablemente. En 50 años a la redonda no encontré periodistas ni amigos tan periodistas ni tan amigos como los de entonces, generación a la que me siento orgulloso de pertenecer. Muchas gracias por tus recuerdos, por tus menciones a mi trabajo y al de los demás de nuestra época acaso irrepetible. Muchas gracias, Alfonso.

Señoras y señsores:
Mi libro está dedicado, entre otras personas y otras entidades, al diario El Comercio porque fue cuando trabajaba allí que realicé la mayor parte de mis tareas profesionales y mis viajes por el mundo.
Mi contacto con los doctores Luis y Oscar, y sus hijos doctor Alejandro y arquitecto Luis, y doctor Francisco, me ayudó mucho en el desarrollo correcto de mi profesiòn y su afianzamiento.
Deseo agradecer también, a los editores de mis dos libros “Testigo de su tiempo” a cargo del “Fondo de Cultura Económica de México” dirigido por Rosario Torres, y de mi libro “Vallejo periodísta”, a cargo de Editora Línea Andina, dirigido por Clara Rojas, mi ex alumna y ahora colega imprescindible. Muchas gracias a las dos. Ambas trasmitirán mi gratitud a todos los demás cómplices de mi dicha.
Y muchas gracias al pintor Bruno Portuguez por haber permitido usar en exclusiva su retrato impresionista de César Vallejo para la carátula de mi pálido homenaje al célebre poeta de Santiago.
Muchas gracias a todos los merecidamente ennumerados en los introitos de mis libros, como son mis padres - ya en la eternidad-; mi mujer, mis hijos, mis nietos; y mis hermanos, uno de ellos ya en la otra orilla del río.
Deseo expresar con vehemencia mi gratitud a los estudiantes y ex estudiantes de periodismo de San Marcos de más de 30 promociones con quienes estudie y practiqué la profesión en las aulas o fuera de ellas, en la urbe o en sus alrededores, en el día o en la noche. Gracias y felicitaciones a quienes lucen su profesionalismo con gallardía no solo dentro de nuestro país sino en ámbitos internacionales. Ninguno de ellos se considera un “Mesías” ni una “Vaca sagrada”. Todo son moralmente humildes.
Gracias a quienes conforman la Promoción Inquietud 1945, del Colegio Seminario de Trujillo, porque juntos aprendimos a ser hombres cabales; de mucho nos sirvió la égida cristiana de nuestros educadores claretianos.
Y, por supuesto, gracias a todos mis colegas periodistas y amigos jóvenes y viejos como Carlos Ney Barrionuevo de La Crónica, ya agotada. De él aprendí a escribir considerando que no debemos arrepentirnos de sentirnos poetas cuando redactamos; total ¿quién nos va a prohibir matizar con poesía algunos episodios prosaicos de nuestra pobre vida?
Menciono, finalmente, a los amigos y colegas ausentes, algunos de los cuales estarán aguaitando desde las estrellas los desbordes de esta cita galante de periodismo y de nostalgia.
Muchas gracias a ellos y a las estrellas.
No sé si el término de apoteosis que se emplea para calificar los más grandes acontecimientos épicos o solo sociales es lo correcto, pero, sea como fuere, pretendo que este sea apoteósico.
Por lo tanto, muchas gracias a todos ustedes por estar compartiendo conmigo la apoteosis de mi vida.

Muchas gracias.

PRESENTACIÓN DE LOS TEXTOS DE MJO
Discurso de Marco Martos
CEREMONIA Y DISCURSOS
Discurso de Francisco Miró Quesada C.
Palabras de Alfonso Grados Bertorini
Conferencia de Carlos Oviedo




Edición - Redacción periodística - Corrección de estilo - Diseño gráfico - Diagramación - Impresiones offset a color

Revista de Reflexión y Debates.
Publica investigaciones, análisis y propuestas sobre la agenda Perú y temas internacionales.

www.enfasisperu.com

Editorial Línea Andina

Editorial Línea Andina
Lloque Yupanqui 1640,
Jesús María.
Telefax: 471-9481