
Querido Manuel Jesús Orbegozo, distinguidos miembros
de la mesa, Dr. Francisco Miró Quesada, Dr. Carlos Oviedo y Alfonso
Grados Bertorini, amigos todos. Para mi es motivo de orgullo personal, íntimo,
el haber sido honrado por MJO para dirigir unas palabras esta noche sobre
su libro Vallejo periodista. Como saben ustedes, se van a presentar tres
libros -según como lo veamos- porque el otro libro, de dos tomos,
es MJO Testigo de su Tiempo, de su obra periodística mayor.
Hace poco con un amigo nos preguntábamos por los poetas más
importantes de la lengua española, y esta era una tarea difícil
que nos llevó varias horas y algunas copas de vino; y llegamos a
esta conclusión, que toda lengua tiene grandes poetas pero hay determinadas
épocas y circunstancias en que algo destaca.
En la lengua española lo primero que destaca es el poema del Mio
Cid y si seguimos avanzando en el tiempo, El Arcipreste de Hita, en el siglo
XIV. En el siglo XV, Jorge Manrique, y si vamos avanzando están los
grandes poetas, los más originales: Garcilaso, San Juan en el siglo
XVI, y en el siglo XVII, Góngora y Quevedo, todos españoles.
Cuando pasamos al siglo XVIII no hay uno que destaque, así grande
entre los grandes, en el XIX también hay disputas, puede ser Bécquer
pero tal vez tenga cierto aire alemán que no le va a ser totalmente
original. Y en el siglo XX es Vallejo.
Es Vallejo por encima de todos, es el más original, más absoluto,
el que impacta a más personas de distintas lenguas, en distintas
circunstancias, ya casi no hay discusión entre los entendidos, casi
no hay discusión tampoco entre quienes se acercan por primera vez
a su poesía.
Hace algún tiempo la revista Caretas -hará unos 20 años-
hizo una encuesta a gente en la calle. ¿Qué poeta es más
importante y qué poema recuerda más? Los Heraldos Negros era
el poema que más peruanos recordaban y Vallejo el poeta al que más
referencias hubo. Que sea en el Perú no llama tanto la atención;
que sea en México, en Madrid, que sea en Santiago de Chile, que sea
en otras lenguas, el mismo poeta, ya es algo asombroso. Y fíjense,
este poeta, Vallejo, nace en una sociedad como la nuestra, en medio de muchas
dificultades, tuvo todo para perder y ganó en poesía. Y la
literatura española, que tenía diez siglos, que tenía
a Cervantes, a Quevedo y Góngora, como dije antes. Entonces, en la
periferia, en un lugar olvidado del Perú, en Santiago de Chuco, nace
un poeta, el más importante de todos.
Pero fíjense, yo quisiera relacionar a Vallejo con el quehacer cotidiano
de las personas, con lo que nos pasa cada día. ¿Qué
queremos cuando nos quejamos de la educación peruana?, qué
pasa que no rendimos, bueno, aprendemos a oir, primero una lengua, después
aprendemos a hablarla, y después a escribirla, a entenderla, a comprenderla,
a comunicarnos con ellos. Se dice que esta es la finalidad de la escuela
primaria, pero también es la finalidad de la escuela secundaria y
es la finalidad de la universidad, es decir, somos seres humanos, básicamente
porque comunicamos, y la esencia de la comunicación contemporánea
es a través del periodismo, y Vallejo fue un periodista, y fue un
periodista de nota, como escritor fue el más completo que hemos tenido,
desde el Inca Garcilaso hasta ahora. Vallejo practicó con parecida
solvencia el periodismo en todas sus variantes, es decir la nota, el reportaje,
el ensayo.
Vallejo fue un estupendo poeta, como ya se sabe. Fue un cuentista ejemplar,
fue un novelista, fue un autor de obras de teatro, fue un político,
fue un hombre completo. Y al encuentro de César Vallejo sale MJO
con este libro. Durante mucho tiempo se soslayó la categoría
de periodista de César Vallejo, o lo sabían unos cuantos,
por ejemplo Ernesto More, que escribió algunos artículos sobre
él y su libro…, ahora no me acuerdo el título. Reportajes
con radar, es un libro reciente, pero él escribió un libro
sobre Vallejo que resulta también muy importante, pero pocas personas
habían destacado a César Vallejo como periodista hasta que
Jorge Puchinelli recogió los artículos bajo el título
Desde Europa, y posteriormente ya se han publicado todos los artículos
o casi todos, porque siempre hay la posibilidad de encontrar algún
artículo inédito de Vallejo y Manuel Jesús, que es
un hombre de la tierra de Vallejo, es un hombre nacido en el departamento
de La Libertad, sale al encuentro no solamente para explicar a Vallejo,
sino para unir su subjetividad a la de Vallejo. En ese sentido es una lectura
contempóranea, es una lectura periodística, pero tambien es
una lectura muy sentida. Yo he hecho el prólogo al libro de Manuel
Jesús, no voy a leer, no lo voy a leer en extenso porque si no quitaría
interés a esta misma mesa, solamente voy a leer los dos párrafos
finales con lo que concluyo también mi intervención:
“La principal virtud que tienen estas páginas de Manuel Jesús
Orbegozo es que por primera vez se considera de manera global la tarea de
periodista de Vallejo. Nuestro poeta fue un comunicador en el sentido moderno
del término, un comunicador social, como nos gusta decir con elegante
redundancia en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y Manuel Jesús
Orbegozo lo ha percibido de manera relampagueante. Lo que aprendemos o recordamos,
si es que lo sabíamos, con la lectura de este libro, es que Vallejo
trasladó a su escritura periodística sus urgencias literarias
que pueden sintetizarse en una frase: el deseo de ampliar las fronteras
del idioma, la voluntad de obligar a las palabras a decir más de
lo habitual, y en el caso de no poderlo, no titubear en inventar nuevos
vocablos. Pero al mismo tiempo Vallejo sabía que en su poesía
más lograda, la de su etapa de París, deja atrás el
laboratorio del idioma que había sido Trilce en 1922, se contagia
de las urgencias periodísticas, de la necesidad perentoria de comunicarse
con más personas como ocurrió con España aparta de
mí este cáliz. Pero hay algo más que nos ofrece Orbegozo
y que es sumamente importante en los tiempos que corren: mezcla su propia
subjetividad con los textos de Vallejo, es decir nos habla, como pocos lo
han hecho con el vate de Santiago de Chuco, del encuentro de un lector,
que además es periodista, con el autor. Orbegozo es un ejemplo paradigmático
de cómo se recepciona la poesía y la escritura periodística
de Vallejo, ahora, a principios del tercer milenio. Y como no podía
ser de otra manera, la prosa del propio Orbegozo es atildada, correcta,
de un lado y, de otro ágil y nerviosa, urgente y rotunda.
Levanto con ustedes lectores, una imaginaria copa de vino y brindo por Manuel
Jesús Orbegozo, periodista de raza”.
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* El Dr. Marcos Martos es Decano de la Facultad de Letras
y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y presidente
de la Academia Peruana de la Lengua. Publicó su primer poemario en
1965, que se llamó Casa Nuestra; publicó luego varias obras,
entre ellas: El mar de las Tinieblas, Sílabas de la Música,
Jaque Perpétuo y Don Doneo, en 1964. Tambien ha incursionado en el
cuento, con El Monje de Praga, que publicó en el 2003. Es un profundo
investigador de la obra de César Vallejo, tiene diversos artículos
sobre su poesía, por lo cual nadie mejor que él para comentar
esta obra de Manuel Jesús Orbegozo. Marco Martos, gran conocedor
del mundo periodístico, dirije y participa en revistas literarias;
estuvo en Caballo Rojo, aquel suplemento dominical de un diario exitoso
de la década del 80. Tiene, por tanto, autoridad desde el punto de
vista periodístico y desde el punto de vista literario.
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