Palabras de Alfonso Grados Bertorini

Querido Manuel Jesús, en realidad se explica esta presencia mía, sólo porque me honro de formar parte de la generación del cincuenta, que con todo el respeto que tenemos por la larga vinculación histórica del periodismo con el país, para nosotros, para Jesús y para mí significa una etapa fundamental de nuestras vidas.
Provincianos ambos, nos conocimos en Lima, conocimos Lima de manera diferente. Yo llegué a estudiar secundaria en Lima porque no había secundaria en Pisco, y tuve la suerte de que pudiera aprender del Perú en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, porque en mi provincia -y eso es lo que digo sobre todo en elogio- a lo que es el origen y la permanencia de sus principios de Manuel Jesús, porque desgraciadamente en tiempos en que transcurría esta presencia nuestra provinciana y oíamos a Lima, no teníamos idea de qué era el Perú, este periodismo del que hoy se habla y por supuesto que cada vez adquiere mucho mayor capacidad de reflejar, no mejor la verdad, sino más amplia las verdades que se dicen por ahí, y más al mismo tiempo, en nuestro tiempo prácticamente sabíamos del Perú lo que era nuestra provincia y quizás algunos vínculos que en ella se tenía con algunos de los parientes que podían haberse ido al centro de Lima. Por cierto que este gran amigo nuestro, el paisaje de sus andes de La Libertad serían muchos más gratos al desierto que teníamos en Pisco, salvo los algodonales que no eran precisamente de propiedad del pueblo sino de sus legítimos deponentes, y en Lima, llegar a Lima era mirar una ciudad grande en la que uno se sentía aislado sino tenía vínculos previos, y el Colegio Nacional de Guadalupe, en donde yo sólo tenía como vivencia los recuerdos de mi provincia, la forma coloquial de la provincia, el conocimiento que más o menos transmitían los dos profesores que eran los titulares del colegio primario.
El mapa del Perú lo conocía perfectamente, mi madre me había enseñado a distinguir los departamentos, cada uno con sus colores respectivos, los nombres de sus ciudades principales, los nombres de los ríos del Perú, pero la idea del Perú como nación, o como conjunto de naciones, y su trayecto histórico, apenas si se esbozaba en los libros que uno leía o algunos de los gráficos que creíamos legítimos y que era producto de la editorial Rosay. Pero en Guadalupe aprendí a distinguir los acentos, la manera cómo cada uno hablaba el castellano, la manera cómo se identificaba con los santos, con los símbolos de sus religiones, de su religión católica, pero distintas unas de las otras…, de la manera cómo entendían el país, de qué significaba la sierra físicamente, porque excursiones hacíamos a los Andes.
Yo por eso digo y ojalá que esto no parezca una disgreción, que hasta ahora tenemos que seguir procurando que se vuelva al tiempo de los grandes colegios nacionales que comenzaron a surgir desde que nació la república y que desgraciadamente hoy se han convertido en unos simples nombres que recordamos por los libros de historia.
Manuel Jesús fue de Trujillo y tuvo el privilegio de recibir ahí lo que constituía la enseñanza del periodismo que no era teórica, que venía del prestigio del diario El Norte, del gran grupo en el norte del país como consecuencia ya del siglo XX, como en Lima había las generaciones nuevas, aquellas de “Colónida” de Valdelomar, aquellas de Mariátegui, en fin de la gente que venía de la prensa, la tradición de El Comercio. Todo esto enriquecía una visión que desde luego en Trujillo se tenía de manera más directa por lo que era aquella región.
Y a MJ lo conocí en las sedes del centralismo limeño, no en el centralismo financiero, no en el centralismo opresivo, no el centralismo usufructuario de aquello que el país le entregaba... para que el centralismo lo distribuyese como quisiese, para particulares o para el país, siendo la Plaza San Martín, que era el aurea del periodismo en ese tiempo, me dijo un día cuando ya nos habíamos conocido y habíamos conversado mucho en la Federación de Periodistas del Perú, “pensar que llegué a la Plaza San Martín y ahí mismo estaban sentadas en un ángulo en la plaza frente a un café: Doris Gibson, Francisco Ibartúa, en la otra, estaba Dante Gotino, allá, Márgara Grenet, en fin una constelación de figuras que él había leído en Trujillo, con las que se había interiorizado desde el punto de vista de la imaginación de cómo serían, y terminó siendo un periodista que enorgullece a la generación del 50, y que por cierto llenaría también de orgullo a todos los que nos precedieron en esa búsqueda de lo que representaba una manera de volcar la realidad de los nuevos tiempos que surgían.
Él y yo somos producto, y el Dr. Miró Quesada tiene que acordarse mucho de este tiempo que hemos vivido, él era un joven catedrático, por cierto de una generación a unos años anteriores, pero tiene que acordarse lo que significó para la generación nuestra, como maestro que ha sido, que es, el nuevo mundo que se ofrecía después de la Segunda Guerra Mundial, por que experimentábamos entonces frente a la realidad que se nos había trasmitido y a la que estábamos viviendo recién de la reciente urbanización del país, todavía no se había experimentado esta migración serrana a las ciudades, esta nueva imagen del país que tanto nos ha influido y conmovido, pero al mismo tiempo que esas generaciones que nos precedieron teníamos nosotros ya no solo la visión de lo que sería el mundo que ellos pregonaban, a los que se anticipaban, sino el tiempo en que el Oncenio nos había impedido saber bien qué pasaba en el mundo, y en cambio, de golpe se nos había mostrado esa dimensión que se habría para todos los hombres de la tierra de manera diferente, todavía no teníamos las excelencias de esta intercomunicación de hoy que tanta capacidad y tanta precisión, tanta versación nos ha hablado usted doctor. Lo que significaba para nosotros tratar de entender que el periodismo nos aglutinaba en torno a una responsabilidad que asumíamos no sólo en forma individual, sino con Solidaridad es coetánea con la Federación de Periodistas del Perú, siempre hace recuerdo de eso nuestro querido amigo Orbegozo, porque influyó mucho en cada uno de nosotros, jóvenes que nos habíamos incorporado al periodismo no tanto por vocación sino por contacto con una realidad que exigía un mayor conocimiento de las cosas, una mayor participación, tuvimos un gobierno democrático después de muchos años, los tres años de Bustamante influyeron tanto en nosotros casi como las cuatro libertades de Roosevelt, casi como el júbilo que nos dio a todos haber acabado con el fascismo y el nacismo.
Los hay desde la reforma universitaria, que se había pretendido ilusoriamente realizar décadas antes que nosotros, y que sin embargo hicimos en esta universidad. Yo he sido miembro del concejo de facultad, en la Facultad de Derecho, teníamos discrepancias, cuántas trifulcas hemos tenido, pero cuánto de recuerdo quedó impregnado para siempre, de esa manera estamos dejando sentado que teníamos participación en las cosas en las cuales veíamos que no se habían alcanzado los objetivos que otras generaciones buscaron. Por eso digo yo que en esa circunstancia trascendental MJ ha pasado a ser, no tanto solamente por lo extraordinario de sus periplos, por las decenas de veces en que ha estado viajando por distintos lugares del mundo, aprendiendo algo que cotejar entre lo que él pensaba y lo que era la realidad, pero nunca desde entonces y hasta hoy ha sido un testigo que miraba desde fuera aquello, llevó consigo lo que era su esencia provinciana.
Yo por eso siempre lo he relacionado, aunque no sean las mismas provincias, con el Mundo es ancho y ajeno de Ciro Alegría, que confieso, que para mí sigue siendo el libro que principalmente me habló sobre el Perú, antes que la universidad me enseñase lo que ha sido el pueblo peruano, los libros de historia, o el debate, el gran debate del siglo XX, y en esa sensación pasar de la provincia al país, sentí que el mundo no era ajeno, la descolonización de los vejas, naciones subordinadas al apoderamiento de su soberanía y de sus riquezas por los más desarrollados, todavía no se le dice desarrollados, más avanzados países predominantes, ahora se les sigue llamando países del centro, aunque después tuvieron que admitir por un tiempo que había dos centros, el centro occidental y el centro –que por cierto no era un ejemplo- de la Unión Soviética.
A propósito, eso que decía mi querido y admirado amigo Dr. Miró Quesada -él sabe cuanto lo aprecio- respecto aquello de que se decía que El Comercio era reaccionario, conservador, resulta que a la federacíon nos dijeron comunistas, porque pretendíamos que hubiera un estatuto del periodistas, por cierto, que ese estatuto escondía sin duda algún propósito que estaba infiltrado en esta apariencia con la que se muestran siempre cuales son las libertades que se quieren y se encubre cuales son aquellas a las que se quieren sojuzgar, o utilizar, pero además, el fundador, el verdadero impulso que tuvo esta generación nueva que se incorporaba al periodismo que acababa de surgir, ante la posibilidad de rescatar la libertad de prensa por un golpe de estado con lo cual había asesinado el general Odría, a la reciente democracia de Bustamante y Rivero, con las discusiones intestinas dentro del régimen, por supuesto, esa sensación que teníamos, hizo que este impulso que trajo Genero Carnero Checa de su destierro en México, convocara a toda esta juventud nueva de todos los periódicos, de la prensa chica, en los cuales están las personas que venían vejetando casi desde la época luminosa de las libertades que existían en el campo periodístico de las distintas tendencias que surgían en el siglo XX, o se desarrollaban en el siglo XX, Mariátegui y Amauta, Valdelomar y Colónida, en fin la prensa y sus grandes cronistas vinculados a un esfuerzo político que tampoco negaba las libertades de los otros, pero que se frustraron ahí, esto hizo que perdiéramos temor -aunque se nos motejara los que no éramos comunistas-, se nos motejara de ser instrumentos de aquello y exigimos que se fuera como compromiso fundamental de esta nueva organización que no tuviese más patrocinio que del compromiso que todos suscribíamos para hablar, no solo de libertad sino de solidadridad.
Yo por eso lo he dicho siempre, y lo quiero reiterar ahora, que son con conmitantes, las circunstancias del ejercicio de la libertad y la solidaridad, llamémoslo como querramos, libertad y justicia social o libertad y socialismo, como usted quiera, pero no puede haber solidaridad impuesta, no puede haber solidaridad que la gente no comparta como ejercicio de su libertad, y tampoco habría que decirles a quienes pretenden exacerbar la libertad como elemento fundamental que no hay libertad que entrañe predominio sobre la solidaridad, este es el periodista que enorgullece a la generación del 50, este es el periodista que se trasladó por el mundo no para buscar que se ratificara ahí lo que él pensaba, no para encontrar cuales eran las deficiencias, los defectos de aquello, ni tampoco, por cierto, para exaltarlos, ni tampoco para ir con el compromiso de demostrar que tenían razón en otras partes del mundo los que se descolonizaban, los que se libraban de los imperios, etc. etc. los polpots, pero también hubo en América Latina dictadores que nada tenían que ver con lo que significaba la justificación que quisiera darse al socialismo impuesto sino que al contrario con el autoritarismo impuesto se le caerían los neoliberales, y estas reflexiones son porque este hombre MJO, este provinciano, periodista, peruano ha visto al mundo no con ojos de cronista, es el mejor cronista de su tiempo, respecto a que lo hizo, llevando una idea, de cuáles eran sus pensamientos, de cuáles eran sus esperanzas a lo mejor, sino de que se integraba no como testigo, sino como un protagonista interesado en que se supiera qué es lo que realmente él había tomado de verdad o no de aquello que se trasmitía, yo aprecio mucho, me encantaría tener la posibilidad de asistir a conferencias como las que se dan sobre, o lo que constituye hoy esta gran –ya no oportunidad- esta gran realidad que se escapa a las posibilidades de afrontarlas directamente, sin razonarlas, me encantaría porque, todavía me he venido quedando casi en la etapa en la cual podemos hablar de la información respecto a la opinión. Hoy eso encontró una gran oportunidad de ejercicio, no tanto por la ideología de los periódicos o de lo que formaba parte, sino por que hubo periodistas y excepcionales como es Jesús que entendieron que esto de libertad y solidaridad tenía una denominación que se llama dignidad, nada justifica que en nombre de la promesa de que la dignidad se alcance, se la erroje, se la estigmatice, inclusive y hasta se le prostituya haciéndola parecer como un disfraz, si hay un periodismo digno, es un periodismo integral, es un periodismo en que no hay verdades absolutas pero tampoco todo es relativo, y en que tiene que ser –como digo- conconmitantes el ejercicio de los dos. Ese es el periodista que enorgullece a la generación del 50, que no siempre la hemos seguido todos los de esa generación, pero que tenemos presente a quiénes conocimos, a los periodistas dignos que se preservaban desde la época anterior al leguismo, a gentes de esa Lima de entonces, pero tambien podría hablar de tantos otros, y no quiero agotarlos con lo mismo.
Me identifica con él otra cosa, provincianos de distinta formación desde el punto de vista de los estudios que habíamos seguido, coincidimos en ser social progresistas, y en sus épocas de progresismo también fue acusado de marxismo, porque simplemente algunos marxistas teníamos, pero ocurre que pretendíamos que fuera una expresión de una especie social limomanista en el cual nos básabamos también en algunas de las luminosas clases del Dr. Miró Quesada y compartí en más de una oportunidad en esta ilusión de que podría surgir en este medio, en donde todas las esperanzas de esta utopía de que libertad y solidaridad sean coetaneos no solificaba frente a los rigideces de los sectarismos y de los totalitarismos de distinta especie. Peruano periodista, amigo, MJ, me acordaba de una referencia que hiciste en un programa de televión ayer u hoy, en que frente a los elogios que recibías y a la imagen que se daba de tu figura periodística y de los elogios que importaba para el periodismo estar siguiendo estas directivas, no dejaste de hacer una cortés reserva de que infortunadamente todavía existían manifestaciones de ese periodismo indigno que habíamos rechazado como consecuencia de la deformación de estos ideales compartidos y que tú habías comprobado con tu propia vivencia cómo es que resultaba siempre falaz, o muchas veces decepcionante en todos los lugares que fuiste y que siempre encontraste más dignidad en los desamparados que en los ostentosos líderes.
Por eso es que reservé para leer aca, algo que dije hace un tiempo, en 1999, precisamente en la presentación de un libro de un periodista de la prensa de Lima de los años 96-97, incorporado a este periódico y por ende a la Federación de Periodistas del Perú que habíamos inaugurado en Arequipa en un acto desafiante, el primero de octubre de 1950, el día del periodista en homenaje de Bausate y Mesa, muchos ni siquiera lo recordaban. Un homenaje a hombres de prensa comprometidos.
Solo el compromiso mantiene ajenos al poder a los periodistas preclaros y por eso es que digo, cerrando esta intervención, -espero que no haya sido muy larga- decirles a ustedes que en mis 80 años, por cumlir 81, en los 83 que tiene MJ seguiremos, en el tiempo que nos quede, haciendo honor a la profesión periodística, lo que él más que ninguno de nosotros ha sabido hacerlo, gracias.

PRESENTACIÓN DE LOS TEXTOS DE MJO
Conferencia de Carlos Oviedo
Discurso de Marco Martos
CEREMONIA Y DISCURSOS
Discurso de Francisco Miró Quesada C.
Palabras de agradecimiento de MJO




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